domingo 12 de julio de 2009
La responsabilidad de la empresa en la encíclica Caritas in Veritate
Sobre la responsabilidad del individuo en la gestión de la responsabilidad de las instituciones.
No se debe olvidar que el mercado no existe en su estado puro, se adapta a las configuraciones culturales que lo concretan y condicionan. En efecto, la economía y las finanzas, al ser instrumentos, pueden ser mal utilizados cuando quien los gestiona tiene sólo referencias egoístas. De esta forma, se puede llegar a transformar medios de por sí buenos en perniciosos……... Por eso, no se deben hacer reproches al medio o instrumento sino al hombre, a su conciencia moral y a su responsabilidad personal y social.
Sobre la visión cortoplacista de muchas empresas y sobre la responsabilidad de la empresa hacia los stakeholders.
Uno de los mayores riesgos es sin duda que la empresa responda casi exclusivamente a las expectativas de los inversores en detrimento de su dimensión social. Debido a su continuo crecimiento y a la necesidad de mayores capitales, cada vez son menos las empresas que dependen de un único empresario estable que se sienta responsable a largo plazo, y no sólo por poco tiempo, de la vida y los resultados de su empresa …………. El mercado internacional de los capitales, en efecto, ofrece hoy una gran libertad de acción. Sin embargo, también es verdad que se está extendiendo la conciencia de la necesidad de una «responsabilidad social» más amplia de la empresa. ……………..se va difundiendo cada vez más la convicción según la cual la gestión de la empresa no puede tener en cuenta únicamente el interés de sus propietarios, sino también el de todos los otros sujetos que contribuyen a la vida de la empresa: trabajadores, clientes, proveedores de los diversos elementos de producción, la comunidad de referencia…………
Se ha de evitar que el empleo de recursos financieros esté motivado por la especulación y ceda a la tentación de buscar únicamente un beneficio inmediato, en vez de la sostenibilidad de la empresa a largo plazo, su propio servicio a la economía real.............
Sobre la importancia de la responsabilidad en la cadena de valor, en el offshoring
………no es lícito deslocalizar únicamente para aprovechar particulares condiciones favorables, o peor aún, para explotar sin aportar a la sociedad local una verdadera contribución para el nacimiento de un sólido sistema productivo y social, factor imprescindible para un desarrollo estable.
Sobre el parecer responsable y no serlo.
Hoy se habla mucho de ética en el campo económico, bancario y empresarial. Surgen centros de estudio y programas formativos de business ethics; se difunde en el mundo desarrollado el sistema de certificaciones éticas, siguiendo la línea del movimiento de ideas nacido en torno a la responsabilidad social de la empresa. Los bancos proponen cuentas y fondos de inversión llamados «éticos». Se desarrolla una «finanza ética», sobre todo mediante el microcrédito y, más en general, la microfinanciación. Dichos procesos son apreciados y merecen un amplio apoyo. Sus efectos positivos llegan incluso a las áreas menos desarrolladas de la tierra. Conviene, sin embargo, elaborar un criterio de discernimiento válido, pues se nota un cierto abuso del adjetivo «ético» que, usado de manera genérica, puede abarcar también contenidos completamente distintos, hasta el punto de hacer pasar por éticas decisiones y opciones contrarias a la justicia y al verdadero bien del hombre.
Sobre la responsabilidad de la instituciones financieras en sus decisiones de préstamo e inversión y la compatibilidad del beneficio con las prácticas responsables.
Es ciertamente útil, y en algunas circunstancias indispensable, promover iniciativas financieras en las que predomine la dimensión humanitaria. Sin embargo, esto no debe hacernos olvidar que todo el sistema financiero ha de tener como meta el sostenimiento de un verdadero desarrollo. Sobre todo, es preciso que el intento de hacer el bien no se contraponga al de la capacidad efectiva de producir bienes. Los agentes financieros han de redescubrir el fundamento ético de su actividad para no abusar de aquellos instrumentos sofisticados con los que se podría traicionar a los ahorradores. Recta intención, transparencia y búsqueda de los buenos resultados son compatibles y nunca se deben separar.
Sobre la responsabilidad de las instituciones financieras en la educación de los clientes.
………….. Los más débiles deben ser educados para defenderse de la usura, así como los pueblos pobres han de ser educados para beneficiarse realmente del microcrédito, frenando de este modo posibles formas de explotación en estos dos campos.
Sobre la crítica responsabilidad de los consumidores y de sus asociaciones en la responsabilidad empresarial y de que estén informados para poder ejercerla.
La interrelación mundial ha hecho surgir un nuevo poder político, el de los consumidores y sus asociaciones. Es un fenómeno en el que se debe profundizar, pues contiene elementos positivos que hay que fomentar, como también excesos que se han de evitar. Es bueno que las personas se den cuenta de que comprar es siempre un acto moral, y no sólo económico. El consumidor tiene una responsabilidad social específica, que se añade a la responsabilidad social de la empresa. Los consumidores deben ser constantemente educados para el papel que ejercen diariamente y que pueden desempeñar respetando los principios morales, sin que disminuya la racionalidad económica intrínseca en el acto de comprar. …………… Es de desear un papel más incisivo de los consumidores como factor de democracia económica, siempre que ellos mismos no estén manipulados por asociaciones escasamente representativas.
Y para terminar vale la pena recordar un resumen del papel de los beneficios en la vida de la empresa de la Encíclica Centesimus Annus de Juan Pablo II, de hace mas de 18 años, del 1 de mayo de 1991, que también es muy rica en alusiones a la responsabilidad social de la empresa.
Cuando una empresa da beneficios significa que los factores productivos han sido utilizados adecuadamente y que las correspondientes necesidades humanas han sido satisfechas debidamente. Sin embargo, los beneficios no son el único índice de las condiciones de la empresa…………. Los beneficios son un elemento regulador de la vida de la empresa, pero no el único; junto con ellos hay que considerar otros factores humanos y morales que, a largo plazo, son por lo menos igualmente esenciales para la vida de la empresa.
jueves 2 de julio de 2009
Buenas y “Malas” noticias sobre RSE
El tema de la responsabilidad social está apareciendo con mas frecuencia en los medios de comunicación. Y esto son buenas y “malas” noticias. Buenas porque reflejan el creciente interés de una parte interesada tan crucial para la adopción de prácticas responsables como lo son los medios. Pero “malas” porque ya sea por ligereza o porque son conceptos y situaciones nuevas que los reporteros no dominan, las reportan mal. Este mal reporte no es inocuo y puede llegar a ser contraproducente para el avance de la responsabilidad empresarial al crear impresiones equivocadas.
Comentábamos en un artículo anterior la ligereza y a veces exageración con que se reportan algunas noticias sobre la responsabilidad de las empresas e invitábamos a los lectores a enviarnos sus descubrimientos de estas noticias. Hemos encontrado varias “malas” noticias:
El Financiero de México del 3 de junio de 2009 tenía una noticia con el titular: “PEMEX recibió distintivo” y un subtítulo: “Lo aprueba GRI en responsabilidad social”. Realidad: La calificación GRI a los reportes financieros NO es un distintivo, ni lo aprueba el GRI. La calificación se la auto asigna la empresa en función de lo que cree es el grado de cumplimiento de lo propuesto en las guías de reporte GRI. Y le puede poner un signo “+” si ha tenido alguna forma de verificación independiente de la información presentada, por sencilla que esta sea. Puede poner además “GRI-checked” si le ha enviado con antelación el reporte a las oficinas del GRI y estos acusan recibo. En el GRI no emiten opinión favorable o desfavorable. Que quede claro que no estoy emitiendo comentario alguno sobre el informe de PEMEX, solo que como esta reportado es una “mala” noticia.
En un articulo de Entorno Inteligente (www.entornointeligente.com) sobre la necesidad de medir la RSE, mencionan que “Incluso Forbes y firmas como Global Pulse y el Reputation Institute elaboran Ranking Mundiales de las empresas más responsables.” Como comentábamos en un artículo anterior (“En que se parecen los rankings de RSE a los chismes de infidelidad”, www.cumpetere.blogspot.com) no iba a pasar mucho tiempo antes de alguien llamara a los rankings de reputación, rankings de responsabilidad empresarial, que NO LO SON. Reputación y responsabilidad no es lo mismo, aunque lo segundo puede llevar a lo primero. Por cierto, los tres rankings mencionados en la noticia son el mismo. La revista Forbes publica los rankings del Reputation Institute, elaborados bajo el nombre de Global Pulse. Otra “mala” noticia.
El sitio www.epsocial.es de Europa Press publica comentarios sobre el libro “El negocio de la responsabilidad: Crítica de la Responsabilidad Social Corporativa de las empresas transnacionales” con el titular “Siete de cada diez ciudadanos desconoce el concepto de RSE” Pregunto: ¿Cree Ud. que el 30% de los ciudadanos (en este caso España) lo conoce? Deben vivir en otro país. Lo reto a que mire a su alrededor cuando vaya en el autobús, en el supermercado, en un partido de fútbol y se haga la pregunta ¿tres de cada diez de estas personas conoce el concepto de RSE? El optimismo en estos casos no es buen compañero. Puede hacernos bajar la guardia y pensar que las cosas van bien, cuando la reacción del público consumidor deja mucho que desear como impulsor de prácticas responsables en la empresa. ¡!Ojala que el 30% supiera lo que es la RSE!! Y actuara en consecuencia.
El mismo artículo reporta que el “78% de las empresas españolas publican informes de RSE”. ¡!Que bien!! Ya no tenemos nada de qué preocuparnos, el problema del reporte de responsabilidades está resuelto. Según datos del INE al 2008, en España hay 3.5 millones de empresas, de las cuales más de 110.000 son sociedades anónimas. ¿Publican reportes el 78% de estas empresas? De nuevo, si así fuera, habría muchas razones para el optimismo. Lamentablemente no es así, es una “mala” noticia. Para el año 2008, 129 empresas españolas publicaron informes de sostenibilidad registrados con el GRI, aunque es posible que haya muchas más empresas que no usan los criterios GRI y no los registran. Vale la pena mencionar que el informe original de donde se saca la información (KPMG International survey of corporate responsibility reporting 2008), en España publican reportes el 63% de las 100 mas grandes y es en Brasil donde el número es 78%. Si fuera una “buena” noticia habría especificado que los porcentajes se refieren a las 100 mas grandes empresas del país, no a las “empresas españolas”. Buenas y “malas” noticias.
martes 16 de junio de 2009
Comentarios e intercambio sobre Rankings de RSE
Comentarios
Coincido con el autor en la mayor parte de la argumentación. Los rankings son lo que son: datos de una investigación que ordenan a un grupo de empresas en función de la variable analizada. Por lo que el uso periodístico que se les da a veces no hace justicia a la realidad del dato. Quiero, no obstante, puntualizar sobre lo dicho sobre el Global Pulse, ranking de Reputation Institute. En este ranking se mide la reputación de las empresas más grandes/relevantes en cada país. El criterio de selección de las 600 que entran en el estudio es el de facturación, eliminando empresas no conocidas por el gran público y adaptándolo al tamaño de la economía de cada país en busca de representatividad. El stakeholder analizado en este ranking es población general, en otros estudios analizamos otros públicos. En el caso de España han entrado 15 empresas en la lista de 600. Hemos preguntando a los españoles sobre el grado de admiración y respeto, reputación reconocida, buena impresión y confianza que les merecen y en base a eso hemos desarrollado un ranking de reputación. La reputación son percepciones, y eso es lo que medimos y su sustento es emocional. Además desarrollamos un modelo que explica sus palancas racionales. Los datos son estandarizados para poder realizar comparaciones entre países, pero es cierto que al medir cada empresa sólo en su país de origen, lo que nos dice el estudio es que Mercadona tiene muy buena reputación en España, más que otras empresas similares en otros países, por ejemplo Tesco en el Reino Unido. En el caso de multinacionales el dato hace referencia a sus países de origen. Esto es relevante, porque por ejemplo Nestlé y Danone tienen mejor reputación en España que en los países donde tienen su matriz (la primera en Suiza y la segunda en Francia), incluso mejor que las empresas españolas que lideran el ranking. Si estas empresas hubieran sido medidas en España, probablemente estarían en la parte alta del ranking codeándose con Mercadona y El Corte Inglés (quizá superándolas). En cualquier caso, esta argumentación no le quita validez al ranking, pero sí a algunas interpretaciones que se hacen desde el desconocimiento de lo que significa, lo que, como apunta el autor, puede llevar a titulares erróneos. Con respecto a la metodología del estudio, tengo que indicarle al autor que Reputation Institute siempre se ha caracterizado por su rigor y transparencia, por lo que le emplazo públicamente para discutirla en detalle. No incorpora más corrección que la estandarización de los datos, un simple proceso estadístico que nos permita decir que un 60 en Brasil sea equiparable a un 60 en Estados Unidos. Por cierto, la frase de que la reputación “se construye en años y se pierde en segundos” es una afirmación tradicional que no está soportada en datos. Daría para un nuevo post en que con amplia investigación y muchos casos podría rebatirla.
Preguntas y respuestas a la metodología:
¿Cómo se ha han seleccionado las 15 empresas en España?
El criterio seguido en este ranking es de tamaño, entendido como facturación. Es cierto que se eliminan aquellas empresas que siendo grandes, son desconocidas para el público general por ser completamente BtoB. En el caso de España tomamos las 15 empresas más grandes (fue el número de empresas que se asignó a España en función de la relevancia de nuestra economía) y no hizo falta eliminar ninguna. Se trata de datos de facturación de 2007 que sacamos del listado que publica Actualidad Económica cada año con las principales empresas del país.
¿Son algunas de ellas clientes de Reputation Institute?
Sí, algunas son clientes de Reputation Institute. Esto es normal, pues trabajamos para la mitad del IBEX35, pero no es un criterio para que entren o no en el ranking
¿Cómo se seleccionan los que opinan, cuántos son en España y si todos opinan sobre las 15 empresas?
Es una muestra on-line lo más representativa posible de población general “on-line”, es decir, con acceso a Internet. Se trata de internautas. Esto introduce un sesgo sobre otros estudios que hacemos con muestra telefónica o presencial. El proveedor de campo es un importante panelista internacional que nos ofrece todas las garantías de control de calidad: SSI (Survey and Sampling International). Se obtuvieron 1,750 calificaciones de una muestra de 475 consumidores en Enero y Febrero de 2009. Cada consumidor podía calificar un máximo de cinco empresas que conocieran. Cada empresa tuvo un mínimo de 100 calificaciones.
Si las empresas se seleccionan entre “las mas conocidas” como dice, ¿representa entonces el ranking SOLO a las mas reputadas entre las mas conocidas? Siendo que reputación en este caso es sinónimo de buena reputación, ¿puede el lector llegar a concluir que si una empresa no está en la lista tienen mala reputación?
Si una empresa no está en la lista no quiere decir que tenga mala reputación. El ranking de Forbes contempla a las 200 empresas con mejor reputación (medido entre población general en su país de origen) de entre las 600 más grandes/relevantes en los 30 países donde se realizó el estudio. Cada empresa es medida entre personas que la conocen, por lo que una empresa puede ser muy conocida y tener mala reputación, o por el contrario ser poco conocida, pero muy admirada por la gente que la conoce. Para esto solemos hacer un cuadro en que comparamos el dato de la familiaridad (grado de conocimiento) con el índice de reputación.
Si se seleccionan las mas conocidas, ¿no hay un sesgo hacia empresas de productos de consumo masivo (bancos, empresas de comercio minorista, comunicaciones, etc..)? ¿No “discrimina” esto al resto de empresas?
Como ya he dicho, no existe tal sesgo. Lo que sí es cierto es que hay sectores más valorados que otros entre población general, por lo que suelen recibir puntuaciones más altas, como los productos de consumo, retail, electrónica, …; mientras que otros son generalmente peor valorados como por ejemplo telecomunicaciones, banca, utilities, seguros, construcción, …
Estoy consciente de que hay empresas conocidas que tienen mala reputación, pero ¿No hay una estrecha correlación, en el sentido estadístico, entre reputación y conocimiento? ¿No tiene el proceso de elección un sesgo innato?
Estoy totalmente de acuerdo con la afirmación. Existe correlación entre reputación y familiaridad. De hecho la visibilidad es uno de los requisitos para ganar reputación a los que hace referencia Charles Fombrun en su libro “Fame & Fortune”. Vuelvo a recalcar que para este ranking el grado de conocimiento no es el criterio de elección, pero puestos a comentarlo, en mi opinión sí lo podría ser, y si la lista de empresas medidas fuese suficientemente amplia podríamos decir que las que lideran el ranking son las que tienen mejor reputación entre población general (asumiendo que las empresas que no salen son simplemente poco relevantes aunque pudieran tener muy buena reputación entre un grupo muy pequeño de ciudadanos). Ya digo que no es el caso del Global Pulse, donde sólo se miden la más grandes originarias de cada país. El año pasado hice una prueba en España mezclando criterios de familiaridad y tamaño y el resultado fue muy interesante, si quieres lo comentamos.
El gran problema de estos rankings es que se induce la idea entre el público que las empresas listadas son “mejores” que otras, cuando la metodología no mide esto en absoluto.
Estoy totalmente de acuerdo con tu afirmación. Yo siempre trato de ser muy cuidadoso a la hora de verbalizar las conclusiones, pero es fácil encontrarse con interpretaciones absolutamente exageradas, como muy bien ilustrabas en tu artículo, comparándolas con los rumores infundados. No obstante, quiero recalcar que nunca estamos diciendo que las empresas del ranking son las mejores. Publicamos los nombres de las más admiradas dentro del listado total de las más grandes. Esto es algo relevante en todo caso. Mercadona y El Corte Inglés son las empresas que salen mejor en el ranking compitiendo con grandes empresas españolas de otros sectores. Puedo afirmar que no necesariamente son las empresas con mejor reputación en España, pues en otros estudios hemos visto que multinacionales como Nokia, Sony, Danone, Nestlé, Mercedes o BMW obtienen puntuaciones más altas entre los españoles.
Finalmente te diré que para nosotros la publicación periódica del ranking es un medio de comunicación y sensibilización sobre la gestión de la reputación corporativa, pero el trabajo que hacemos para nuestros clientes va mucho más allá, analizando las palancas que les hace mejorar trabajando desde la realidad (el negocio) y la comunicación. Por otra parte, se trata de un ranking de reputación (percepciones) y no de responsabilidad social (realidades), por lo que tampoco se puede afirmar que quien lo lidera es “mejor”, sólo podemos decir que es “más admirado”. La publicación de un ranking genera notoriedad y diálogo, como el que estamos teniendo ahora nosotros dos, pero yo estoy mucho más interesado en demostrar a las empresas que hacer las cosas bien (con criterios de sostenibilidad) no sólo es bueno en sí mismo, sino que además aporta resultados de negocio y nuestras investigaciones son capaces de demostrarlo. Ese es nuestro granito de arena a la comunidad de la RSE.
Supongo que sus valoraciones se promedian. ¿Hacen algún análisis de la varianza sobre los promedios para cada empresa (para ver que tan consistente o dispersa es la opinión sobre la empresa)?
Sí lo hacemos en los trabajos que desarrollamos para nuestros clientes. Es muy relevante para ver cómo se puede influir en el cambio de comportamiento de los “fence sitters” (los que no tienen una valoración especialmente alta o baja sobre una empresa. También sirve para ver que hay empresas que generan actitudes más extremas hacia ellas y otras reciben actitudes más indiferentes o intermedias.
lunes 8 de junio de 2009
No jurarás en vano
El profesor Sumantra Ghoshal fue uno de los mas reconocidos críticos de las enseñanzas en las escuelas de negocios (la revista The Economist lo reconoce como un “guru” de la gerencia). En uno de sus mas conocidos artículos, publicado después de su muerte, comentando los problemas de hacer de la gerencia una “ciencia” afirmaba que “las escuelas de negocios han liberado, activamente, a sus estudiantes de cualquier sentido de responsabilidad moral”. (“Bad management theories are distroying good management practices”, Academy of Management Learning and Education, Vol 4, no. 1, 2005) Obviamente que esta es una posicion extrema, pero que los eventos recientes le estan dando validez.
Pero como dice la sabiduría popular, como no hay mal que por bien no venga. La crisis de irresponsabilidad esta incitando reacciones responsables, que ojalá no sean efímeras y no se olviden cuando pase la crisis. En este sentido llega otra noticia alentadora. El New York Times del 29 de mayo de 2009 publica un reportaje sobre el “Juramento del M.B.A” (www.mbaoath.org) en la escuela de negocios de Harvard de actuar ética y responsablemente, salvaguardando los intereses de los accionistas, empleados, clientes y de la sociedad en general. Pero aun esta buena noticia tiene su parte pesimista: solo 160 los cerca de 800 graduandos la firma. Esperemos que con la publicidad estos números de adherentes mejore.
Puede ser el precursor de un eventual juramento para ejecutivos como el juramento hipocrático de los médicos o el juramento de los abogados para cumplir las leyes. Este juramento para ejecutivos había sido propuesto por dos profesores de Harvard, Rakesh Khurana and Nitin Noria en abril de 2008 en "Should Managers Have a Green Hippocratic Oath?" (www.hbrgreen.org/2008/04/should_managers_have_a_green_h.html). Esta idea fue reiterada en España por el profesor Angel Cabrera Izquierdo en su artículo “Un nuevo código ético para el capitalismo”, publicado el 2 de marzo de 2009 en El País. La escuela que dirige el Prof. Cabrera Izquierdo, Thunderbird School of Global Management, en Glendale, Arizona, ya tiene un juramento para los estudiantes desde 2006.
Considerando la posibilidad de que se llegue a requerir este juramento, es de notar que los gerentes o directores de empresa son una “profesión” que no requiere de certificación de competencia profesional, ni tienen código de ética específico, como sí lo requieren o tienen las profesiones de médico, abogado, enfermera, ingeniero, entre otras. A lo mejor hay que empezar por hacerlo una profesión certificable. Algunos toman decisiones que afectan a las personas directamente relacionadas, pero otras, como hemos visto en la crisis financiera, afectan a muchas personas que nada tienen que ver con la empresa y sus decisiones. Estas decisiones tienen un carácter sistémico, con regulación, si la tienen, de carácter nacional o regional, pero de impacto global.
Es buena noticia que los estudiantes hagan el juramento de graduación y mas específicamente el del M.B.A. ¡Cuán deseable es que las universidades y escuelas de negocios de España y de América Latina adopten estas ideas!
Este juramento de los estudiantes, junto a profundización de la enseñanza en las escuelas de negocios, la profesionalización de la gerencia y el juramento hipocrático para los gestores de empresa, nos podrían llevar a prácticas mas responsables en las empresas. Y sobre todo, hay que seguir trabajando en el tema de incentivos, principalmente en los financieros, alineándolos con las prácticas responsables.
La crisis debería traer avances en este sentido.
martes 26 de mayo de 2009
¿En que se parecen algunas noticias de RSE a la realidad?
Acabamos de ver un nuevo caso. Gallup Consulting con motivo de la V Cumbre de Presidentes del Hemisferio Occidental realizo una encuesta de opinión sobre la RSE en América Latina. Una revista de la región, América Economía, reportaba los resultados de la encuesta con el titular “Las empresas de la región no aplicarían la RSE” y un subtitular “un estudio ........... reveló que la mayoría de las firmas privadas no invertirían en el desarrollo de sus funcionarios ni ofrecerían oportunidades de crecimiento.” Y en el texto decía que “Un reciente estudio ........ que midió el impacto de las acciones (énfasis añadido) de Responsabilidad Social de Empresas privadas de 20 países de América Latina, reveló que una gran parte de las grandes compañías no tendría interés en potenciar el desarrollo sustentable” .
Esta noticia fue reproducida y comentada en otro medio con aseveraciones como “Esto significa, creo, que una parte importante de los empresarios todavía no entienden, o quieren entender, la responsabilidad social que tienen, y más aún, la relevancia que tiene el desarrollo sustentable en todos los sentidos”.
Supongo que a estas alturas el lector pensará de que se trataba de una encuesta entre dirigentes de empresa sobre sus prácticas responsables, o sobre el impacto de sus acciones en el desarrollo y que lamentablemente su adopción en América Latina parece que es lamentable.
Si fuera cierto serían noticias muy preocupantes.
Sin embargo si uno se remite a la nota de prensa original de Gallup se observa que la encuesta fue efectuada en base a entrevistas cara a cara a 500 personas mayores de 15 años en cada país[1]. Es de suponer que la gran mayoría que trabaja lo hace en empresas micro, pequeñas o medianas (el 99% de las empresas de la región, con mas del 60% del empleo) y que muy posiblemente sepan poco de las practicas responsables de las grandes empresas (que es a lo que se refería la encuesta). Dado el tenor de las preguntas, las respuestas pueden reflejar mas una frustración o deseos que un conocimiento de la realidad empresarial. La preguntas eran, entre otras, “¿Cree Ud. que las empresas deberían invertir mas en el desarrollo de sus empleados?”, “¿Cree Ud. que las empresas están comprometidas a hacer un impacto positivo en la calidad de vida de los consumidores?”
Siendo una encuesta a personas en la calle está claro que los resultados no permiten inferir que “........ una gran parte de las grandes compañías no tendría interés en potenciar el desarrollo sustentable” o que “una parte importante de los empresarios todavía no entienden, o quieren entender, la responsabilidad social que tienen”. ¿Será que los que reproducen las informaciones tienen ideas preconcebidas?
Es posible interpretar las respuestas a esas preguntas como la percepción o las expectativas de la ciudadanía sobre algunos aspectos de las prácticas responsables de las grandes empresas. Pero de allí a decir que las empresas no tienen interés o que sus ejecutivos no entienden, hay un gran trecho. Es posible que sea verdad, pero los resultados de estas encuestas no permiten llegar a esas conclusiones. Lo que sí es cierto es que la transmisión de las noticias deja mucho que desear y estas tergiversaciones no le hacen bien a la promoción de las prácticas responsables.
Para apreciar las distorsiones que se pueden introducir a medida que se reportan, vale la pena destacar que el titular de la nota de prensa original de Gallup era “El sector privado tiene un importante papel que jugar” y el subtitular “Las percepciones sobre las empresas resaltan la necesidad de prácticas responsables” lo que es consistente con el objetivo y resultados de las encuestas. Adicionalmente, la nota concluye con la salvedad “...en adición a errores de muestreo, la redacción de las preguntas y las dificultades prácticas en la ejecución de la encuesta pueden introducir errores y sesgos en los resultados de las encuestas de opinión pública”.
Aquel tipo de reportajes y transmisión de noticias, aprovechando el eficaz y rápido medio electrónico, está incorporando malas interpretaciones, voluntarias o no, que deben evitarse. De la misma manera que debemos reportar practicas engañosas de las empresas (los lavados de imagen, “greenwash”), creo que también debemos informar sobre estos reportes imprecisos.
Me propongo continuar informando sobre ellos e invito a los lectores a hacerme saber (antoniov@cumpetere.com ) de los casos que detecten para combinarlos y reportarlos en futuros artículos. A lo mejor podemos contribuir a un mejor entendimiento y conocimiento de las prácticas responsables de las empresas.
[1] Gallup me informa que la muestra total fue de mas de 1.000 personas en cada país, excepto en Haití y Trinidad Tobago que fue de 500, para un total de 19.000 entrevistas
lunes 11 de mayo de 2009
¿En que se parecen los Rankings de RSE y los chismes sobre infidelidades?
Fulanito 1 a fulanito 2: A la hora de la comida vi a Juan y Josefina salir de la oficina.
Fulanito 2 a fulanito 3: Me dijeron de Juan y Josefina salen juntos a comer
Fulanito 3 a fulanito 4: Me dijeron que Juan y Josefina tienen un romance
Fulanito 4 a fulanito 5: Juan y Josefina se van todos los días al mediodía a ..........
Y así sucesivamente. Pasamos de una salida al mismo tiempo de la oficina a tener un affaire. Moral de esta historia: Si tiene enemigos no salga de la oficina al mismo tiempo que Josefina..... o que Juan.
Se puede hacer mucho daño, pero como nos divierte, lo difundimos. La reputación se construye sobre años y se pierde en segundos. Hablando de reputación, el Reputation Institute (RI) acaba de publicar un ranking de las empresas con mejor reputación. Podría ser reportado mas o menos así:
Medio 1: Reputation Institute hizo una encuesta en 32 países sobre 600 empresas seleccionadas y publicó el ranking de la percepción de su reputación. Lo encabeza la empresa Ferrero de Italia.
Medio 2 que leyó el medio 1: Se publicó el ranking de las empresas de mas reputación del mundo.
Medio 3 que leyó el medio 2: Las empresas de nuestro país entre la mas responsables del mundo
Empresa 1: Somos la mejor empresa del país.
Veamos los hechos para ver si se justifican las conclusiones que con el tiempo se van tergiversando. El estudio se hace con una encuesta sobre 600 empresas en 32 países, un promedio de 20 empresas por país. El ranking se saca de encuestar a 100 personas que dicen conocer la empresa, pero que no conocen o no responden sobre las demás 599, a menos que también la conozcan. Solo pueden opinar sobre las empresas en su país, que conozcan. En ranking de cada empresa en cada país se “corrige” para compensar las opiniones en países que tienden a ser duros con sus empresa y así poderlas comparar de país a país. Se hacen preguntas referentes a confianza, estima, admiración y si le cae bien. Muy probablemente las respuestas se basan en que empresas te caen bien, ya sea por el producto que hacen, porque conoces a alguien, porque has oído decir algo sobre ella, y a lo mejor porque eres su cliente. En Iberoamérica entre las primeras 200 hay 10 de Brasil (puestos 3 y 4 y 4 en las primeras 30), 6 de México y 4 de España y ninguna en Chile (los cuatro países cubiertos). ¿Son las empresas de Brasil mas reputadas que las de España o es que los brasileños valoran mejor a sus empresas en concursos internacionales (véase nuestro artículo anterior sobre los premios a los reportes de sostenibilidad del GRI)?
¿Puede de estas preguntar llegarse a la conclusión de que la empresa es “la mas responsable”, la “mejor”? Hay un gran trecho entre ser la mejor, o la mas responsable o la calificada como la de mejor reputación entre consumidores de entre 600 empresas. ¿Se puede comparar la reputación de Ferrero vista por los italianos con la de Amazon vista por los estadounidenses?. ¿No hay una diferencia cultural en la percepción de la reputación empresarial? Se puede comparar la reputación de una empresa con contacto con consumidores, como El Corte Inglés, con una como CEMEX que mayormente se maneja con otras empresas?. No debería sorprender que el sector mas “reputado” es el de bienes de consumo.
¿Son 600 empresas en 32 países “el mundo”? ¿Dónde están los demás millones de empresas? Donde están los demás 140 y pico de países. Alguno dirá que se evaluaron a los que importan y no hay que perder el tiempo con empresas y países menores. ¿Se puede concluir, como hacen algunos medios que tal o cual empresa es mejor, o que es la “mejor de España”, o la “mas responsable de España”? No, en todo caso fue la que mayor calificación obtuvo entre las empresas españolas, basadas en preguntas sobre confianza, estima, admiración y si les cae bien. Y hay que recordar que esto son encuestas nacionales que se consolidan en un ranking internacional.
Quiero aclarar que aquí no estoy criticando el valor de estos rankings. Como dice la famosa frase en mercadotecnia, “la precepción es la mas real de las realidades” y todos actuamos en base a percepciones. De allí que las empresas deben construir esas reputaciones para influenciar las percepciones y por ende la realidad. Pero no olvidemos la segunda parte de la frase de mercadotecnia“...pero nada destruye mas una buena percepción que una mala realidad”.
Lo que sí estamos cuestionando es llevar estos rankings a como si fueran “el mundo”, el mezclar reputaciones de una empresa en un país con otra empresa en otro país, de hacer estos ranking un sinónimo de “mejores” en un sentido general, o las “mas responsables” como lo presentan algunos. Lo que es cierto es que, usando una metodología especifica, no exenta de problemas, han sido catalogadas por el RI como las de mayor reputación en sus respectivos países. El ranking parece ser mas bien el de “las mas conocidas” y que no sean malas. Hay que aclarar que siendo RI una empresa con fines de lucro no da muchos mas detalles sobre la metodología. Por cierto, en la misma página del RI en que se hace el anuncio, se anuncian la venta de reportes especializados a cada empresa de la muestra y servicios de consultoría para mejorar la reputación de su empresa.
En este mismo orden de ideas, el año pasado, después de la publicación de los índices de Competitividad Responsable de Accountability, un periodista reportaba que “Colombia ocupa el sexto puesto........ en la inclusión de programas de RSE en la empresa” El índice de Competitividad Responsable no se refiere a “la inclusión de programas de RSE en la empresa”. Es un índice de muchos índices que pretende reflejar las condiciones para hacer negocios en los países, e incluye la situación de los países en temas ambientales y sociales, pero no tiene nada que ver con inclusión de programas de RSE en la empresa, ni recopila información a nivel de empresas. Pero la noticia parecía mas interesante reportada así.
Reportar rankings tiene un gran atractivo. Se diseminan como los chismes de infidelidad, rápido y con regodeo. Pero como estos chismes, se repiten sin analizar su veracidad. Si Juan y Josefina salían de la oficina al mismo tiempo debe ser que tienen un affaire. Pero si es verdad, ¡!que vengan con pruebas!!
En un próximo artículo escribiremos sobre problemas semejantes en muchos de los premios sobre RSE.
martes 28 de abril de 2009
Comentarios a los comentarios sobre “Manéjese con cuidado”
A Ramón también gracias. Obviamente que no creo que la visión que expongo sobre el potencial mal uso de las guías y normas sea perverso. Perversa es la percepción que tienen muchas veces los involucrados sobre el correcto uso y diferencias entre guías y normas y perverso es el uso que le dan algunos. Como comento arriba, hay pereza y oportunismo por parte de algunos usuarios. El artículo pretende ser una advertencia sobre la posibilidad y conveniencia de normar comportamientos generalizados, no pretende ser una desacreditación de las guías o normas. Está bien normar el vertido de desagües industriales y certificar su cumplimiento, pero “responsabilidad corporativa” es un término demasiado genérico, por muchos esfuerzos que hagamos en definiciones. Mientras más especifico es el concepto y más objetiva sea su medición, mas posible es normarlo. Pero si es vago y de medición subjetiva, necesita guías con usuarios competentes en su uso. Hay que sabe usar el instrumento.
lunes 27 de abril de 2009
Manéjese con cuidado: Normas y guías de Responsabilidad empresarial
Algunas pretenden actuar como guías para el comportamiento empresarial y para que las partes interesadas tengan un referente a la hora de juzgar las prácticas responsables, reconociendo que la responsabilidad no puede definirse estrictamente de forma comparable a las normas técnicas, por ejemplo las de la composición de alimentos o las características físicas de materiales o de propiedades de combustible. Estas normas técnicas, por referirse a productos que son susceptibles de ser sometidos a pruebas replicables y estandarizables, son normas certificables. El caso más paradigmático de las normas de RSE, léase nomas de comportamiento, es la ISO 26000, patrocinada por una institución que hasta ahora solo producía normas certificables pero que en este caso, después de amplia discusión decidió que por primera vez emitiría una guía no certificable. Aun cuando la intención es que sea una guía, la tentación será muy alta para que la sociedad civil exija que se verifique o certifique el comportamiento empresarial basado en esta guía (¡no certificable!). No faltaran consultores que respondan muy positivamente a esas exigencias creando certificaciones, no estandarizadas (¿quién certifica la capacidad de los consultores de certificar?). No pasara mucho tiempo antes de que veamos una publicación con un título que mas o menos diga “Indicadores de responsabilidad derivados de la ISO 26000” u otro como “Criterios para la certificación de la guía ISO 26000”. Para muestra un botón: un titular de El Sol de México del 13 de abril de 2009: “Norma ISO 26000 exigirá equidad de género a las empresas”. Ni es norma ni exigirá, pero .......
En contraste con esta “guía”, la SGE 21 nace ya como una norma (privada) que se promociona como la “primera norma certificable”.
Estas normas o guías tienen grandes ventajas en el sentido de que presentan un inventario de prácticas y/o sistemas de responsabilidad que pueden ser sumamente valiosas para guiar la elaboración e implementación de una estrategia de responsabilidad empresarial, para guiar la acción de la sociedad civil, para lograr cambios incrementales en prácticas específicas. El proceso de preparación, generando y diseminando información, educando, buscando consensos, entre otros aspectos es muy positivo para la promoción de la responsabilidad empresarial. Pero, el producto, como toda herramienta puede ser usada bien o mal. Hay que estar conscientes de los costos y riesgos.
¿Qué hay de malo en que haya normas certificables de responsabilidad? ¿Se puede normar el comportamiento responsable? ¿Qué consecuencias tiene para la empresa la existencia de estas normativas?
Empecemos por recordar que las prácticas responsables de las empresas abarcan un espectro sumamente amplio, desde normas laborales y ambientales, respeto a derechos humanos, donaciones estratégicas, pasando por mejoras en la calidad de vida de la comunidad, hasta contribuciones a la mejora de la gobernanza pública. Cierto es que algunas de estas actividades pueden ser normadas, de hecho muchas están legisladas y reguladas por los gobiernos, aunque a veces no supervisadas como sería deseable. Otras son guiadas por acuerdos internacionales, algunos obligatorios otros voluntarios. Otras son mejores prácticas acordadas formal o informalmente a nivel de grupo industrial, pero muchas son prácticas voluntarias de las empresas, adaptadas al entorno y a las circunstancias en que operan. Otras son normas para la preparación de información financiera (GRI) o de revisión de esa información (AA1000), de acuerdo a prácticas de aceptación mas o menos universal. El problema son las guías y normas que pretenden abarcar un gran espectro, las que pretenden cubrir la “RSE” en general.[1]
Hay que recordar que la empresa decide su estrategia de responsabilidad basada en sus capacidades y en el entorno institucional en que opera, las necesidades, los valores y las expectativas de la sociedad. Una misma empresa puede tener diferentes estrategias en diferentes localidades, en diferentes momentos. Un factor importante del comportamiento empresarial es la existencia y actitud de las partes interesadas, que varían de lugar a lugar, de empresa a empresa y en el tiempo. Condicionan en gran medida las prácticas responsables de la empresa.
Las guías y normas suelen imponer un esquema o “planilla” a todas las empresas por igual, independientemente del entorno, de sus partes interesadas, del mercado, de sus capacidades, etc. Pretenden que todas las empresas hagan de todo, tengan prácticas responsables en todos los ámbitos. Sin duda que hay que cumplir con todas las leyes y regulaciones, e ir mas allá de la ley, ya que esta puede ser deficiente, pero pretender normar el comportamiento voluntario tiene riesgos.
Seamos realistas, la empresa no puede atacar todo al mismo tiempo, tiene que priorizar en función del costo beneficio percibido de las prácticas responsables y tiene que tener una estrategia de implementación de la estrategia a través del tiempo. No se puede pretender que de la noche a la mañana sean empresas ideales.
Pero la pregunta mas importante es ¿Conducen estas guías a que las empresas adopten practicas responsables o pueden ser contraproducentes?
Si la guía es certificable o la empresa o las partes interesadas la ven como tal, puede tener consecuencias negativas para las prácticas responsables y se presenta una gran paradoja. Una vez que la sociedad empieza a exigir la certificación, formal o informal, la empresa, para poder tener una buena certificación poco a poco va haciendo lo que le pide la guía, independientemente de si ello es relevante para la empresa, o si ello es lo que las partes interesadas, capaces de influir en los costos y beneficios de la empresa, desean. Puede llevar a la empresa al síndrome de “llenar planillas”, cumplir con lo prescrito, independientemente de si es relevante para la empresa, con actividades dominadas por lo que piden las guías o normas. Es más, induce a la empresa a jugar con las apariencias (“greenwash”) de ser responsable, para mejorar la nota.
Y lo que es mas grave, la empresa puede empezar a ver que a pesar de tener practicas responsables según las guías y una buena evaluación, el mercado no le responde. La empresa se ve frustrada y puede dejar de lado algunas prácticas responsables. Como consecuencia de la presión de las normas puede haber invertido en prácticas responsables que no son las que el mercado de sus productos o servicios demandan.
La empresa debe tener las prácticas responsables RELEVANTES a su mercado de partes interesadas y no pretender hacer de todo. Y estamos hablando de la práctica, no de la teoría. La empresa debe concentrarse en un subconjunto del total en función de sus capacidades y del análisis de las necesidades y expectativas de los que influyen en los costos y beneficios que enfrenta la empresa. De lo contrario, la estrategia de responsabilidad no es sostenible.
Las guías pueden convertirse en normas y las normas pueden llegar a convertirse en un enemigo de las prácticas responsables. Tienen ventajas, pero como toda herramienta hay que saberlas utilizar.
[1] El que este interesado en un compendio de normas y códigos pueden consultar el volumen enciclopédico de Deborah Leipziger, “The Corporate Responsibility Code Book” , Greenelaf Publishing, Londres, 2003.
lunes 13 de abril de 2009
¿Es la responsabilidad empresarial un substituto de la mala gestión?
El problema es que son muchos los que alegan que la responsabilidad empresarial no rinde beneficios o que es un gasto inútil, porque no ven el nexo entre esas actividades y la mejora en los rendimientos. Algunos llegan a atacar las prácticas responsables citando ejemplos de empresas supuestamente responsables que tienen problemas de rendimiento financiero y/o de aceptación en el mercado. Otros, para alegar la inutilidad de las practicas responsables ponen ejemplos de empresas irresponsables que son muy exitosas. Y en la crisis actual, las hay muchas.
Hay que distinguir, y no es fácil, entre cual es la causa y cual el efecto. En un par de artículos anteriores del blog (www.cumpetere.blogspot.com) nos referíamos al nexo entre practicas responsables y rentabilidad empresarial y mencionábamos lo difícil que es determinar a través de análisis estadísticos si una empresa es rentable porque es responsable (la responsabilidad rinde beneficios) o es responsable porque es rentable (tiene holgura para hacer gastos e inversiones en prácticas responsables). Los resultados tienden a mostrar que la responsabilidad conduce a la rentabilidad aunque la evidencia no es contundente por razones que discutíamos en aquellos artículos.
Más allá de los estudios estadísticos, lo que queremos comentar en este artículo es que los detractores, usando evidencia circunstancial o de corto plazo, pretenden “demostrar” que las prácticas responsables no rinden. Un artículo en la revista Forbes por uno de los escépticos de la RSE mas elocuentes (CSR does not pay, David Vogel, 16 septiembre 2008, www.forbes.com) pone el ejemplo de General Electric, que a pesar de su estrategia de responsabilidad medioambiental (Ecomagination: productos que reducen las emisiones) no le ha ido también como cuando dependía de productos mas contaminantes. Siempre se puede seleccionar un caso particular para mostrar lo que uno quiere. La pregunta en el caso de General Electric, sería ¿Cómo le habría ido si no hubiese adoptado esta estrategia mas acorde con los tiempos? o inclusive, ¿no es prematuro juzgar una estrategia que debe rendir beneficios a largo plazo? Habla también del caso de Exxon Mobil, que a pesar de ser supuestamente mas irresponsable que una empresa petrolera semejante como BP, tiene mejores rendimientos. Se pregunta: ¿entonces para qué ser responsable?
Nadie ha demostrado todavía que ser responsable es una mala estrategia. Lo que si ofrece dudas es si ser responsable es una buena estrategia. Y aquí hay un problema de “contabilidad”. Para que la responsabilidad demuestre beneficios tienen que ocurrir varias cosas: (1) que el mercado lo sepa, lo que todavía no ocurre con mucha frecuencia; (2) que el mercado lo aprecie y recompense, lo cual tampoco ocurre como sería deseable; y (3) que se puedan medir y reportar los beneficios de esas prácticas en el corto plazo, lo cual tampoco es común ya que los beneficios pueden ser intangibles y presentarse en el largo plazo. ¡Que difícil es establecer el nexo entre responsabilidad y rentabilidad! Sobre todo a nivel agregado y no a nivel de practica responsable individual.
¿Quiere decir esto que no vale la pena ser responsable? Es imposible generalizar ya que hay acciones que sí rinden beneficios tangibles, medibles y en el corto plazo. Pero si este es el caso, entonces los detractores alegan que eso no son prácticas responsables, que eso es sencillamente “buena gestión”.
Llegamos entonces a la conclusión de que lo necesitamos es “buena gestión”. Tanto en los estudios estadísticos como en estos análisis circunstanciales hay una variable crítica que se suele omitir y es la calidad de la gestión. La calidad de la gestión es la que determina el rendimiento de la empresa y es la que determina las prácticas responsables. Podríamos decir que si la gestión es buena, la empresa tendrá rendimientos superiores a sus competidores. Sin embargo, va a ser difícil argumentar que una empresa con prácticas irresponsables tiene buena gestión. Es posible que tenga una estrategia que se aproveche de las ignorancias del mercado o de su poca capacidad de reacción. Pero ¿es esto una estrategia sostenible a largo plazo? ¿Es esto buena gestión? Se puede engañar al mercado a veces, pero no siempre. Tarde o temprano el mercado (o los competidores) responderá.
También existen empresas con prácticas responsables que tienen la estrategia comercial equivocada, por ejemplo que venden productos o servicios con poca aceptación en el mercado. ¿Diríamos entonces que no vale la pena ser responsable? Empresas mal gestionadas sí existen y pueden tener malos resultados como consecuencia de su mala gestión. es muy difícil sino imposible que las prácticas responsables compensen por estrategias equivocadas O LA MALA GESTIÓN.
Al fin y al cado, las prácticas responsables son solo una pequeña parte de la estrategia global de la empresa, ¡¡aunque a los que promovemos el tema nos gustaría que fuese la mayor parte!! Pero lo que sí es cierto, es que si la responsabilidad está mal gestionada puede dar al traste con el resto de una excelente estrategia. Y una buena implementación de la estrategia de responsabilidad puede potenciar el resto de una buena estrategia empresarial. Entonces, ¿por qué no tener una buena gestión integral, incluyendo prácticas responsables?
martes 17 de marzo de 2009
Responsabilidad en la enseñanza en las escuelas de negocios
Impulsadas por las crisis y las críticas resultantes, ya son muchas las escuelas de negocio que han hecho reflexiones en torno al impacto que sus enseñanzas tienen sobre el comportamiento de los ejecutivos y por ende de las empresas, y que han adaptados sus curricula. Algunas lo han hecho desde mucho antes de la crisis, pero falta mucho por hacer. ¿Qué deben hacer las escuelas de negocios?
Algunas escuelas, como algunas empresas que quieren parecer responsables sin serlo, han introducido cursos de ética o de responsabilidad corporativa, o de sostenibilidad social y ambiental en sus curricula, para complementar su énfasis en la sostenibilidad financiera, pero sin integración, con cursos aislados que el estudiante toma para cumplir los requisitos. Algunas van mas allá y ponen secciones o capítulos sobre el tema en los cursos tradicionales, también imitando a las empresas que comienzan en los temas de responsabilidad, crean un departamento o una función, y que toman algunas medidas en sus diferentes actividades (algún ahorro energético, algo en no discriminación, etc.) Pero como en las empresas verdaderamente responsables, para las que decimos que la responsabilidad es parte de su ADN, es parte integral y cotidiana de su estrategia, las escuelas de negocios también deben tenerlo como parte de los programas de cada curso. Como en las empresas, no debe ser parte de una actividad especializada, debe ser parte de la manera de pensar, de todos los cursos y actividades. Buena parte del problema está en los cursos básicos, del núcleo, del “core”, los primeros que se enseñan y que son obligatorios para todos: economía, contabilidad, finanzas y hasta mercadeo o mercadotecnia. Son estos cursos los que marcan la pauta.
El editorial del Financial Times del 10 de marzo de 2009 decía: “Todo estudiante de primer año de economía aprende las condiciones para que un mercado desregulado, en teoría, funcione eficientemente. Las más importantes son la información completa, derechos de propiedad y contratos respetados y ausencia de externalidades (efectos de las transacciones económicas sobre terceros). Estas condiciones nunca se cumplen, pero muchos mercados se acercan lo suficiente como para que los intereses personales de los participantes produzcan buenos resultados para todos. Cuando estas condiciones no se cumplen, los mercados funcionan mal. .......... la teoría económica .... les dice a los quieren oír que ............... la búsqueda del interés personal puede hacer que todos estén peor.....” Y la concusión del editorial es que el problema es “el fracaso intelectual y moral de los que tenían la responsabilidad...” ¿Pueden y deben las influyentes escuelas de negocios paliar o evitar estos “fracasos”?
Aun cuando en los cursos mas avanzados de economía (que no siempre en las escuelas de negocios) se enseña que hay información imperfecta, asimetría de información, externalidades, etc., se tratan como casos especiales y no como una descripción de la realidad cotidiana, no como algo de lo que hay que estar pendiente en todo momento. También en los cursos de economía se enseña que las decisiones se deben basar en el análisis de costo beneficio y para que se pueda calcular, los costos y beneficios deben ser medibles. Y muchas veces se oye aquello de que “lo que no se mide no existe”.
En los cursos de contabilidad aprendemos los principios básicos que dicen que los ingresos y los costos deben ser “realizados” para ser reportados en el estado de ganancias y pérdidas (y de ignorar lo intangible, a menos que haya sido adquirido por la empresa, como la reputación adquirida en una fusión o adquisición de otra empresa). En los cursos de finanzas de empresa concluimos que la política que debe seguir la empresa para minimizar el costo del capital es la maximización de beneficios, creyendo que esto es una exigencia legal (cuando hay muy pocos códigos legales o estatutos que lo exigen). Para dar información debemos presentar estados financieros trimestrales, reportando solo lo que se puede medir de manera inequívoca, en términos monetarios (cierto es que los informes anuales se está presentando información suplementaria y hasta informes de sostenibilidad). Estimulamos, en los cursos de mercadotecnia, a sacarle el máximo provecho al consumidor, tratando de crear una demanda que no existe o de aumentar la que existe. El consumidor es presentado mayormente como fuente de ingresos. Se suele ignorar el impacto sobre la reputación (a veces el mayor de los valores) de otros factores ajenos a la publicidad.
En este artículo pretendemos llamar la atención sobre el cómo se enseña, no el que se enseña, y sobre las conclusiones equivocas que muchos estudiantes sacan de esa enseñanza. La mayoría de las veces se enseñan estos principios básicos como DOGMA y no como supuestos o como una de las maneras posibles. Estas enseñanzas conspiran contra las prácticas responsables, ya que estimulan la visión del corto plazo, la concentración en los costos y beneficios tangibles y medibles y en la concentración en los intereses de los accionistas. Las prácticas responsables requieren de una visión de largo plazo, de la consideración de beneficios que pueden ser intangibles, que se “realizan” en el largo plazo y que muchas veces no se pueden medir en ese corto plazo, de la consideración del impacto sobre el resto del entorno de la empresa, que tarde o temprano se traduce en impacto sobre el valor de los accionistas. Lo que hay que maximizar el valor de la EMPRESA en el largo plazo, no el del valor de la acción en la Bolsa acorto plazo. La crisis ha mostrado muchos casos de maximización de beneficios personales en el corto plazo en detrimento del valor de la empresa y del colectivo de empresas en el largo plazo.
Jack Welch, ex CEO de General Electric y considerado el padre del “shareholder value” decía en una entrevista el 3 de marzo de 2009 en el Financial Times que el intenso enfoque de los ejecutivos en las ganancias trimestrales y aumentos de los precios de la acción en bolsa era una “idea estúpida”. “Mirándolo bien, la maximización del valor a los accionistas es una idea estúpida. Ese valor es un resultado, no una estrategia. Sus principales objetivos son sus empleados, sus consumidores y sus productos”.
Las escuelas de negocios hacen una contribución significativa al mejoramiento de las capacidades de los ejecutivos, pero en sus enseñanzas (no solo en cursos de responsabilidad corporativa) deben analizar las consecuencias en el comportamiento de los futuros ejecutivos de lo que les enseñan. Con esto no quiero decir que deben dejar de enseñar los principios básicos, pero sí tienen la responsabilidad de advertir sobre la posibilidad de que las abstracciones hechas para facilitar los modelos no se cumplan en la práctica, de las posibles consecuencias sociales y ambientales de operar bajo estas abstracciones y ofrecer espacio para la discusión de alternativas. Hay que introducir la visión del impacto global, de la ética y de la responsabilidad en todos los cursos, en el ADN de la enseñanza en las escuelas de negocios, no solo en cursos especializados. Hay que inculcar la visión de la contribución de las decisiones sobre el valor de la empresa y su impacto en la sociedad, sobre el largo plazo. La maximización del valor de la empresa no es incompatible con la maximización de los valores.
Estas enseñanzas serian “condición necesaria pero no suficiente” ya que su implementación en las empresas depende de que establezcan los incentivos correctos a las actuaciones de los ejecutivos (lo que sería materia de otro artículo).
Antonio Vives, tiene un Ph.D. en Mercados Financieros de Carnegie Mellon University y ha sido profesor en 4 escuelas de negocios.
martes 17 de febrero de 2009
¿Contribuye la RSE al cambio climático?
Puede haber discusión sobre dónde en la jerarquía de las responsabilidades de la empresa está el hacer dinero. Habrán muchos de los promotores de la RSE que alegaran que no es la principal responsabilidad de la empresa. Pero así como la crisis está demostrando que hay mucha irresponsabilidad empresarial (cada día se descubren mas chapuzas y mas trampas), también es un fuerte recordatorio a las empresas de que si no hacen dinero no sobreviven, y si no sobreviven no pueden dar empleo, no pueden producir productos responsables, no pueden apoyar a las comunidades, etc. El ser rentable es en efecto una de las principales responsabilidades de la empresa, pero hay maneras y maneras de ser rentable, hay cantidades y cantidades de rentabilidad. Yo que creo que muchos coincidimos en que la mejor manera de hacerlo, la mas sustentable en el largo plazo, es la que combina esa responsabilidad con otras responsabilidades hacia las partes interesadas, incluyendo el medio ambiente. Pero ni en tiempos de bonanza ni en tiempos de crisis podemos olvidar que sin viabilidad financiera no hay empresa ........... ¡y sin empresa estamos mal!
El autor mencionado acusa a los promotores de la responsabilidad social de ilusos, que ignoran la realidad empresarial. En el artículo anterior del blog (www.cumpetere.blogspot) nos referíamos a esto, advirtiendo sobre la necesidad de conocer la realidad empresarial de la empresa a fondo, a efectos de poder promover sus responsabilidades adicionales, aparte de la de seguir viva, evitando ilusiones de que todos los gerentes entienden la importancia de estas otras responsabilidades, de que en crisis no ha competencias internas por los escasos recursos. Y otra de las realidades que está azotando a las empresas, especialmente a las que venden productos directamente a los consumidores, es que estos están dispuestos a gastar menos y buscan gangas, precios bajos. Y si antes no sabían acerca de las prácticas responsables del productor, ahora ni intentan averiguarlo. El precio está recuperando preponderancia Véase el éxito relativo de los productores de bajo coste en la crisis. Esto no quiere decir que estos productores de bajo coste no sean responsables, pero las presiones, por todas partes, son a bajar costes.
Esto también conducirá a más presiones sobre la empresa a parecerlo y no serlo. Una lucha contra las apariencias que el movimiento de la RSE creía que estaba ganando. Sí, siempre habrá empresas que son responsables en el sentido amplio de la palabra, independiente de crisis, y aun algunas que ven en la crisis una oportunidad para aprovechar mercados que podríamos llamar responsables (eficiencia energética, energía renovable, productos con menos desechos, productos mas duraderos, etc.) que combinan la responsabilidad con mayor eficiencia para ambas partes, empresa y consumidor. Pero ahora los incentivos están cambiando.
A pesar de que los adeptos decimos que la crisis no “debería” afectar la responsabilidad, la realidad es otra. En una reciente encuesta realizada por Booz Allen a mas de 800 ejecutivos, el 51% de ejecutivos del sector transporte considera que su empresa pospondrá sus planes de RSE como consecuencia de la actual situación económica. Creencia compartida por el 47% de los ejecutivos del sector energía y por el 40% del resto de los ejecutivos del resto de los sectores. Y lo que es mas grave, el 65% de los que enfrentan dificultades económicas, cree que su empresa no está tomando las medidas necesarias para sobrevivir. Es posible que al responder, los ejecutivos se refieran a actividades discrecionales y no al núcleo de la responsabilidad, pero de cualquier manera, es un escenario pesimista para la RSE.
¿Adónde nos lleva todo esto? A que la promoción de prácticas responsables en las empresas debe adaptarse a la realidad. El movimiento de la RSE también está siendo afectado por la crisis. El “mercado” de la RSE esta cambiando, tanto en las empresas como en los consumidores. La sociedad civil, los gobiernos, los empleados deben entender esta realidad. La sociedad civil debe colaborar con las empresas para buscar soluciones satisfactorias para ambas partes, los gobiernos deben evitar la tentación de sobre-regular para llenar el vacío que puede dejar la reducción o abandono de las practicas voluntarias y los empleados deben poner de su parte para asegurar la sobrevivencia de su empleo (se está empezando a ver mayor productividad, menos ausentismo).
No podemos continuar con el “modelo tradicional” que en gran medida descansa en el criterio de que es bueno hacer el bien. Debemos entender mejor la realidad empresarial y del mercado en que operan las empresas, de sus presiones competitivas internas y externas por recursos. Debemos trabajar más duro en mostrar el argumento empresarial de que la responsabilidad rinde beneficios. Muchos promotores de la RSE creían que recurrir a este argumento era anatema. Hoy adquiere mas relevancia y hay que recordar que la responsabilidad primaria de la empresa es sobrevivir. Y si esta responsabilidad antes era importante, ahora es crítica, no solo para las grandes empresas sino además para las pequeñas y medianas, que deberán prestar mucho más atención al impacto de sus acciones sobre el resultado financiero. Para las PyMEs es ahora mas importante conocer el impacto de sus prácticas responsables con mayor claridad, no basta hacer el bien porque está bien. Es un argumento valioso, pero ahora no es el único.
Cuando regrese la normalidad a lo mejor podremos volver a las prácticas actuales. Mientras tanto los interesados en las prácticas responsables de las empresas deberán adaptar sus estrategias de promoción a la crisis, de la misma manera que lo tienen que hacer las empresas.
miércoles 24 de diciembre de 2008
Articulo "En se parecen los premios del GRI a los de Eurovision" fue finalista en el "IV Premio Foretica-Novartis"
domingo 14 de diciembre de 2008
Responsabilidad Empresarial: De la ilusión a la realidad
Todo esto es un buen síntoma de que el tema está madurando y está atrayendo la atención. Sin embargo, me temo que lo está haciendo en los sectores menos críticos para su implementación, que es una conversación entre convencidos. Parece que estamos en presencia de un exceso de oferta de consejos, de recomendaciones, de conversaciones y discusiones y que estamos ante una escasez de demanda, lo cual, como todo bien económico, corre el riesgo de devaluarse.
Hay casi un exceso de interés en el tema, y decir esto puede parecer anatema. Pero creo que el interés está entre los convencidos. Son las empresas y los consumidores los que deberían ACTUAR y en esto falta mucha conciencia, mucho por hacer. Este exceso de oferta, de interés de los convencidos, ha dado lugar a que muchos aleguen que esto es una moda y la respuesta casi unánime de los expertos, (los convencidos) es que la responsabilidad no es una moda sino que está aquí para quedarse.
Sin embargo viendo el exceso de oferta cualitativa y cuantitativa, yo diría que lo que está de moda es promover el tema, lo que no es malo, pero hay mucha ingenuidad en esa promoción. Hay mucho advenedizo, mucho aficionado. Aparecen empresas consultoras, con muy poca experiencia, que están dispuestas a verificar, evaluar y certificar la responsabilidad de las empresas. Hay premios a la empresa responsable por doquier[i]. Tampoco es malo, pero corremos el riesgo de devaluar las prácticas responsables, porque muchas de estas caracterizaciones no están basadas en un análisis integral, a fondo, de su sostenibilidad.
Nos estamos arriesgando en convertirlo en moda a menos que toda la atención se convierta en acción por parte de los que hacen. Hay una inmensa brecha en lo que debe ser y lo que es. Entre el “debería ser” y el “es”. En todas partes se oye la cacofonía de hay que ser responsable y todos estamos de acuerdo. Pero, ¿cuál es la realidad?
No podemos ser ilusos a la hora de competir en la asignación interna de recursos dentro de la empresa. Las actividades responsables, muchas de las cuales tienen costos tangibles en el corto plazo y beneficios intangibles en el largo plazo, pueden resultar perdedoras ante otras “inversiones” que tienen beneficios, más medibles y a menor plazo. A las prácticas responsables se les suele aplicar un listón más alto, y en situaciones de crisis, más alto todavía.
Alegan que continuará siendo rentable, que es posible usar la responsabilidad como instrumento competitivo, de desarrollo de nuevos negocios. No estoy en desacuerdo, pero esto no es automático. No basta con decir que “debe ser”. Hay que “ser”.
No podemos ser ilusos, a la hora de competir en la asignación interna de recursos las actividades responsables, muchas de las cuales tienen costos tangibles y en el corto plazo, y beneficios intangibles y en el largo plazo, pueden resultar perdedoras ante otras “inversiones” que tienen beneficios, mas medibles y a menor plazo. A las prácticas responsables se les suele aplicar un listón mas alto, y en situaciones de crisis, mas alto todavía.
En la promoción del “debería ser”, muchas veces se ignora la dura realidad empresarial. Los que nos dedicamos a promover el tema debemos conocer más a fondo la realidad empresarial, lo que mueve a la empresa y a sus dirigentes y a no vivir de ilusiones. Es solo conociendo esta realidad, esta dinámica empresarial que podremos diseñar e implementar las intervenciones adecuadas.
La misma crisis que vivimos es un fiel reflejo de que los individuos y las organizaciones responden a los incentivos, persiguen el interés propio. Cuando la situación esta complicada, se va perdiendo el colectivismo, el interés por el bien común y se suplanta por el individualismo y la consecución del bien propio. No quiero decir que en las empresas no hay altruismo o no hay consideraciones morales y éticas. Pero la empresa enfrenta la dura realidad de su primera responsabilidad: seguir siendo viable.
Ya Adam Smith decía que es por interés propio del carnicero y el panadero que se producen los bienes y servicios que la sociedad demanda. Que por estos intereses el mercado funciona. Pero hoy las grandes empresas no son ni carniceros ni panaderos ampliamente conocidos por la comunidad y dependientes de las presiones de los clientes y las comunidades locales. En la inmensa mayoría de los casos, los anónimos consumidores ni se enteran, y aun enterándose, no actúan.
Hoy son empresas mas grandes que las del negocio individual, que tienen presiones de todo tipo, y como hemos visto en los meses recientes, el mercado económico tiene sus fisuras, no funciona como creíamos. Cuando cada uno persigue el bien privado, el bien común sufre.
Y el mercado de la responsabilidad es aun mas subdesarrollado, con actores que no ejercen su responsabilidad colectiva. Es mas proclive a colapsar ante presiones como las crisis.
Hay que ser realistas y no vivir de ilusiones. Los promotores de la RSE deben entrar mas en contacto con los detractores de las prácticas responsables y con la realidad empresarial para enterarse de las objeciones y de los verdaderos obstáculos y poder diseñar intervenciones efectivas, sostenibles.
A veces me parece que los convencidos solo hablan entre ellos, están todos de acuerdo con el “debería ser”, se congratulan mutuamente. Tienen que aprender el idioma empresarial, de lo contrario podemos convertir a las prácticas responsables en una moda, en una víctima de la crisis.
¡Hay que moverse de la ilusión a la realidad empresarial!
[i] Véase mi artículo “En que se parecen los premios GRI y los de Eurovisión” en http://www.cumpetere.blogspot.com/
domingo 26 de octubre de 2008
La tiranía del titular noticioso: La responsabilidad de los medios de comunicación y la crisis financiera
Los medios de comunicación están afectando la confianza de inversores y ahorradores por el uso impreciso, e incluso abuso del idioma. No es que sea su culpa, la culpa de la crisis la tienen otros, pero en momentos de crisis echar leña al fuego y exacerbar la ansiedad no parece responsable. Los siguientes ejemplos son una muestra de imprecisiones, e incluso abusos, del lenguaje en los medios de comunicacion que provocan desconfianza
Los medios, a menudo, reportan que “las bolsas se desploman”. Según el mencionado diccionario “desplomar” quiere decir “arruinarse, perder la posición vertical, caerse sin vida o sin conocimiento”. ¿Es ese el caso? No sería mas correcto decir “los precios de las acciones caen en un x%” Claro está que como titular de periódico o de noticiero llama más la atención decir “los precios se desploman”, pero la responsabilidad de los medios reclama, en estos momentos , informacion precisa aunque con ello se pierdan algunas ventas.
Los medios dicen cosas como “El IBEX cae por debajo de la barrera de los 10.000 puntos” Como si ello fuera algo físico que se ha vencido. Durante todos mis años de estudiar y seguir las bolsas nunca he visto ninguna “barrera” en ninguno de los niveles de los índices.
Otra de las palabras favoritas es el “colapso” del sistema financiero. Según el diccionario, ello significa : destrucción, ruina de una institución, paralización.... . ¿Se ha destruido el sistema financiero? Esta golpeado y se resiente, pero sigue en pie, a pesar del “colapso” y el “desplome”.
Otros alegan que el crédito se ha congelado (del diccionario: helar un liquido, detener un proceso o actividad, declarar inmodificable.... ). Tenemos la imagen de un caudaloso rio, que canalizaba crédito o liquidez de una institución o persona a otra y parece que de repente se “congeló, no fluye mas, nada se mueve. Cierto es que el flujo de crédito ha disminuido y en algunos casos considerablemente. Pero, el credito no se ha congelado, sino que hasta ahora ha seguido creciendo. Los bancos funcionan, prestan a empresas e individuos y entre sí: a veces a mayores tasas, pero prestan.
El Financial Times decía hace unso dias que el crecimiento de China ha disminuido drásticamente (“slows sharply”) para referirse a que en los en los primeros nueve meses del año había alcanzado una tasa anualizada del 9.9% en comparación con el 12.2% del mismo periodo el año pasado. ¿Es esto una caída drástica?
Estas imprecisiones del idioma, y en algunos casos, abusos, son irresponsables, pues los sistemas financieros dependen de la confianza de los ahorradores e inversores y son muchos los que sin saber o entender lo que está pasando son presas del pánico y liquidan posiciones al leer titulares dramáticos Los medios tienen la responsabilidad de presentar información veraz, confiable, usando las palabras adecuadas, sin exageraciones.
Desplome, colapso, congelación, hecatombe, en oídos de un público poco sofisticado y aun de los saben del tema puede tener el mismo efecto que la palabra “fuego” en una discoteca: estampida.
jueves 2 de octubre de 2008
Responsabilidad de los intermediarios financieros: Ni son panaderos ni son carniceros
Es posible concluir que estos individuos e instituciones, en su gran mayoría, actuaron dentro de la ley y las regulaciones vigentes. Las actuaciones fueron legales, y muy posiblemente éticas. El apostar a la baja de las acciones o productos (short selling, vendiendo lo que no poseo para comprarlo a la hora de tener que entregarlo) era legal. Lo que no es legal, en algunos países, pero no en todos, es aprovecharse de información privilegiada, pero esto no parece haber contribuido al problema. Pero ¿eran estas transacciones responsables? ¡Era irresponsable vender productos financieros a un cliente que no entiende o no sable lo que compra! ¿Es ilegal?
Se dice que ser responsable es ir mas allá de la ley, que no debieron ceñirse a la letra de la ley, que debieron haber visto que sus acciones podrían tener consecuencias negativas. Todos los “expertos” en responsabilidad empresarial lo repiten, que ser responsable es ir mas allá de la ley, de forma voluntaria. Pero ¿hay comprensión de lo que quiere esto decir? ¿Es un decir para que no nos regulen o tiene razón de ser?
La crisis del sistema financiero nos proporciona un clarísimo ejemplo.
Las leyes y regulaciones, sobretodo en Estados Unidos, pecaron de estar en el lado liviano, para fomentar la creatividad y la innovación y no restringir las actuaciones de los mercados. Ya Adam Smith decía aquello de la mano invisible por la cual el panadero y el carnicero, al perseguir sus mejores intereses, promoverían la producción e intermediación de productos y servicios que la población requiere. El interés propio podría ser un poderoso aliciente para mejorar la eficiencia y funcionamiento de los mercados.
Pero los intermediarios financieros no son ni panaderos ni carniceros. Son mucho más creativos, manejan recursos que no son suyos, tienen mucha mayor capacidad para causar daños y ante la gran interconexión de los mercados, de expandir sus efectos sobre todo el mundo, haciendo pagar a justos por pecadores, incluyendo empleados de las mismas instituciones financieras que tenían poco que ver con ello. Hemos descubierto que la intermediación financiera tiene muchas externalidades, y muchas son externalidades negativas. Ha resultado que son tan globales pero peores que las de las emisiones de gases de efecto invernadero (por cierto que si hubiéramos invertido en reducción de cambio climático lo que hemos perdido en la crisis, lo habríamos resuelto!).
Obviamente que el alegato era que la regulación de todas las actividades del sistema financiero podría estrangular al sistema, creando costos elevados de transacción e impidiendo atender algunos mercados. Había que dejar que el mercado funcionase, libre de intromisiones. Buena parte de razón tienen, pero parten de un supuesto equivocado y es que el mercado podía atender al bien común, como el carnicero o el panadero. Ahora, después de haber perdido una gran cantidad de recursos y allanado el camino para una contracción económica, nos veremos en la necesidad de incrementar las regulaciones de todas maneras. Es obvio que el perseguir los intereses personales, dentro del sistema financiero, puede no conducir al bien común.
Si bien buena parte del problema ha sido causada por irresponsabilidad individual, buena parte ha sido la irresponsabilidad a nivel institucional y a nivel de gobierno. ¿Dónde estaban los controles internos para evitar la sobreexposición, diversificar y compensar riesgos? ¿Dónde estaban los consejeros? ¿Dónde estaban los reguladores para tomar medidas preventivas? En Estados Unidos la regulación bancaria se divide entre el Federal Reserve, el Departamento del Tesoro y los 50 estados, cada uno regulando una parte y NADIE regulando las actividades de instituciones como los bancos de inversión, por aquello de que no captan depósitos del público, como si solo manejaran su propio dinero!! ¿No es sospechoso ver que cuando a una institución (banco comercial) no le está permitido hacer algo, se inventa una institución (banca de inversión u otro vehículo) o una localidad (paraísos fiscales) donde la ley no lo prohíbe? (Menos mal que el Banco de España lo vió claro y reguló que las operaciones especiales fueran parte del balance general de los bancos con el correspondiente requerimiento de capitalización).
Es de esperar que esta lección nos sirva para entender mejor aquello de que ser responsable es ir mas allá de la ley. ¿De forma voluntaria¿ Si, pero si las leyes son deficientes y no existen los controles o el entorno apropiado para pedir cuentas por irresponsabilidad, la ley y regulaciones tendrán que ampliarse. Lamentablemente ahora lo haremos, pero después de un inmenso costo presente y futuro.